lunes, 25 de julio de 2016

PINTANDO VEREDAS

SI NO TENES NADA QUE HACER PINTA VEREDAS.
Se a puesto de moda y más allá de lo artístico y de su falta de contenidos la pintada de veredas se a convertido como decía un colega en un producto vendible. . Su nombre oficial es “artistas emergentes”. Ser joven o emergente es un requisito para estar en la palestra, es la adicción a lo nuevo del marketing del arte . Caras nuevas aunque las obras sean iguales. La virtud no es el talento, es que el producto venda. Las obras emergentes son de temática intrascendental, relacionadas con falta de inteligencia, irrelevancia, banalidad y sin un compromiso social o estético serio. Es arte niñato al que no le importa lo que suceda en el mundo, y aunque en la cédula hablen de la “decepción que les causa esta época” no existe una obra que describa esa decepción o un sentimiento de rebeldía ante lo que sucede, colorear las veredas hablando de paz e igualdad es tan intrascendente como ver Tinelli Estos artistas reflexionan sobre su ropa, la televisión, las redes sociales; son decorativos, conformistas, consumistas y políticamente correctos. Son un producto del sistema y trabajan para el sistema. Estos artistas sin arte son ciegos al hecho de que las grandes obras necesitan contenido virtudes plásticas y un soporte adecuado en todo los sentidos.Pretender que el talento, la disciplina y la técnica en el arte son cosas del pasado es tratar de imponer la mediocridad como signo de distinción de nuestra época. La “democracia del arte” y “la muerte de la tiranía del genio” son la dictadura de los mediocres. Hoy existen artistas completos, que trabajan en su obra, desarrollando e investigando en la constante revolución de la pintura, la escultura y el grabado, que se ven marginados para que la falta de talento y la mediocridad tenga “derecho a crear”.Los colectivos y grupos artísticos talentosos y con propuestas estéticas interesantes y con carga didáctica, educativa y social se ven relegadas por propuestas tan banales y vacías como la pintada de veredas. El imperio de gente sin obra, amparados por los medios y los mercaderes que lo explican y lo aplauden, convirtiendo el arte en una trama especulativa, en un negocio vulgar. El arte contemporáneo se aprovecha de un problema grave para, en un acto oportunista, vender una patraña como arte, y sucede la reacción lógica, pues criticar a la obra es estar en contra de la supuesta “denuncia”. Esto ha sucedido recientemente en un pueblo del interior donde una supuesta ave Fénix resurge en un mural con la ciudad de arrastro en su cola. Una alusión poco conveniente para una ciudad destrozada a la que después de tres meses de la catástrofe el estado no ha enviado los recursos suficientes para rehabilitar a los pobladores, el liceo sigue sin arreglos y unas cuantos hogares siguen con lonas por encima. Más que un Ave Fénix lo más adecuado podría a ver sido algo que realmente denunciara estas situaciones, que si para algo se creo el muralismo es para esto la denuncia también ,entre otras tantas de sus funciones.
Todos son artistas.—
La falsa democratización del arte, el “todos son artistas”, se convirtió en un problema. El problema: al margen de la calidad artística —que por lo general es nula— no hay nada que observar porque todo es arte, no hay objetos que requieran de nuestra dedicación especial para contemplarlos. Desde los temas que abordan hasta los materiales que usan, esta actitud totalizadora está dirigida a que la experiencia estética pierda sentido. La decisión, puramente dogmática, que de que todas las aptitudes son iguales —y eso le da a cualquiera la capacidad de hacer arte— implica que no hay nada admirable o valioso en hacer arte, porque se convierte en una operación común, corriente e intrascendente.
GBDC2016

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